Cuando las imágenes duelen

(desliz freudiano: “dueles”)

Deshacer, con todos sus sinónimos, es una palabra que da vueltas por mi cabeza desde hace un tiempo. Los elementos me pesan más de lo normal haciendo defectuosa mi respiración. Todo pesa, los papeles guardados, la ropa que no uso, los dibujos sin terminar, los saquitos de té clandestinos en el primer cajón, la comida que crece sola y se deposita en mi garganta dudando su camino natural, mi futuro inseguro y escaso de metas, el desorden, el orden (que nunca me conforma), el departamento aún extraño, los muertos que intentan volver del pasado en imágenes que me consumen sin exprimirme completamente, sus vidas, mi insomnio, las palabras, la cantidad exagerada, lo impuro, el cutter en la cartera, los libros que esperan ser leídos, mis falta de ganas, las siestas eternas, el puto exceso convertido en sombra palpable, lo interminable de todo esto. Todo. Pesa y duele. Pesa y me enferma. Pesa y se refleja. Pesa y me hace ser.
El boceto de los huesos que escondí hace unos meses, casi convertidos en par de años, resplandece en el interior de mis ojos. Es una fuerza depredadora que me exige y repite como un mantra silencioso “menos por más”. La salida más fácil y la menos conveniente, a mi tiempo para que el físico mutile las desbocadas reflexiones. Comerme por partes, fumar los fantasmas, dormirme en las costillas, lengua afilada, laringe pulcra, razonamiento vahído…

¿Y qué ganaría? ¿Pertenecer cuando sé que mirar desde afuera es lo más conveniente para mis nervios sensibles al trato, olvidar la sensación que me produce náuseas de una rápida y continua metamorfosis circular que me agiganta y reduce, que los ojos de mirada selecta se mantengan fijos en los míos, revertirme siendo la inalcanzable…? ¿Qué más?

No es que tenga el inconformismo superficial tatuado en la frente; es que en mi interior, ya alterado, hay una hoguera que arde con facilidad y las llamas desprendidas lo están disipando.

Y acá me quedo porque no me quiero ahogar de lágrimas contenidas por no saber cómo expulsarlas para calmar el incendio. Ansío destrozar todas esas cuestiones copiosas que la razón cela. La promesa, utópica y necesaria, de olvidar los dientes clavados en el cráneo. Por un rato no quiero pensar en lo que cada aguja que marca los segundos me dice: Más. Es. Menos. Menos. Es. Más.-

ERUCA SATIVA.
Mayo, 2. Liverpool.-

ERUCA SATIVA.

Mayo, 2. Liverpool.-

Felicidades // Cuentos Borgeanos

Comenzar otra vez de lo absurdo a lo incierto;
y mil voces te piden volver.
Hay tantas cosas que nos quedan por hacer.
Para ser feliz sólo debes entender
que eres parte del dolor.
Todo el tiempo que perdí maldiciendo las horas…
Cada cosa quiere ser en su ser.
Y hay tantas cosas que nos quedan por hacer.
Para ser feliz sólo debes entender
que eres parte del dolor.
Y cuando despertamos tristes,
sólo debes entender
que el remedio es el amor.
(cuánto hay de cambio y cuánto de amor).-

Zero Kill.
Abril, 4. Casa Rock.-

Zero Kill.

Abril, 4. Casa Rock.-

Rayuela, capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.-

Negro García López.
Marzo, 28. Casa Rock.-

Negro García López.

Marzo, 28. Casa Rock.-

Naciente, paciente.

Ana // Ismael Serrano

Ana, es tan corta la vida

y son tantas despedidas

llenas de promesas vanas.

Ana, ¿qué será de nosotros

cuando caigamos y otros

ocupen nuestro lugar?

Ana, ¿dónde será la batalla

próxima en que perdamos

la guerra contra la soledad?

Ana, volverás a escuchar

las piedras que contra tu ventana

lanzó la felicidad.

(Lanzó la felicidad)

Ana, es tan corta la vida

quizás me vulva mentira

y no te conozca mañana.

Ana, cuando te esconda un abrazo

recuerda entonces el año

en que forjamos la paz.

Ana, quizás me marche y no vuelva,

quizás me muera y no tengas

que maldecirme jamás.

Ana, te veo y me declaro culpable

de desear tu presencia

más que desear la paz.

Ana, ¿qué hago yo con mis canciones,

con el manojo de escarcha,

con mis ganas de matar?

Ana, ¿qué hago yo con las montañas

de papeles que he firmado

jurando morir o amar?

(Jurando morir o amar).-

Canción de amor y oficina // Ismael Serrano

Te vi desaparecer bajo la tormenta

camino de tu trabajo, muy de mañana.

¿Quién fuera lluvia en tu abrigo

dejando a tu paso coronas de agua?

Bostezas soñando soles, playas desiertas.

Te asalta un telefonazo,

¿Quién fuera brisa del aire acondicionado

que eriza tu vello en la oficina?

Vuelves a casa y alteras mis planes

y los andamios de La Latina.

Sé que afuera un incendio de plumas y brea

tiñe de cenizas los techos del mundo.

Dejad un instante que olvide mis deudas.

Si el planeta estalla, que nos pille juntos.

En las zanjas de Madrid buscan un tesoro

que esconde un dragón dormido bajo tus pies.

¡Qué torpes e ingenuos son!

Yo tengo el tesoro, duermo con él.

Esta noche te he de dar los besos pendientes,

así que pide el día en el trabajo.

Descuelga el teléfono, cierra las persianas

a cal y canto.

Abro una botella y llamo al “chino”

y lo celebramos por todo lo alto.

La vida a veces te invita una ronda,

te guiña los ojos, concede una trgua.

Quizá sólo dure un segundo este sueño,

pero, sin duda, habrá merecido la pena.-